¡Nuestra torre vuelve a brillar! La espectacular cura de salud del Campanario de los Franciscanos de Ocaña

¿Habéis pasado últimamente por el convento y habéis mirado hacia arriba? A veces, de tanto ver nuestros monumentos a diario, nos acostumbramos a ellos y no nos damos cuenta de cómo les pesa el paso de los años. Pero hoy os traigo una historia de las que dan alegría contar: Ocaña ha recuperado su «faro».

​He podido echar un ojo a las fotos de cómo estaba el campanario antes de la reforma y, de corazón os lo digo, ¡ha faltado un pelo para que nos quedáramos sin él!
​Unas fotos que asustan: el «antes» de la obra

​Si os acercáis al tablón de anuncios del convento, veréis el resumen visual de la obra. Es para quedarse de piedra. En las imágenes del «antes», la cosa estaba de un «ay que se nos cae» constante:

​Ladrillos pidiendo auxilio: Había trozos de fachada que daban miedo; el ladrillo estaba tan desgastado que parecía que se iba a deshacer con el viento.

Vigas agotadas: Por dentro, la madera que sostiene nuestras campanas estaba al límite. Parecía que en cualquier momento se rendía.

Una subida de película: Las escaleras eran casi una misión de riesgo, llenas de escombros, polvo de décadas y peldaños que daban de todo menos seguridad.

 

​Un poquito de nuestra historia: ¿Por qué es tan importante?

​Aunque hoy veamos el cartel de los PP. Dominicos Misioneros de Ultramar, la huella franciscana en Ocaña es parte de nuestro ADN.

​En nuestra tradición, las campanas no eran solo para dar las horas; eran la «red social» de nuestros abuelos. Si había un fuego, sonaba el arrebato; si venía tormenta, avisaban para proteger el campo; y marcaban el descanso de los labradores. Perder esta torre habría sido como dejar a Ocaña muda, perdiendo un trocito de nuestra alma.

¡Y así de guapo luce ahora!

​Ahora, da gusto pasear de noche y ver la torre iluminada, con sus muros limpios y las campanas bien sujetas. Es el resultado de un trabajazo de albañilería y, sobre todo, de mucho amor por nuestro patrimonio.

​Ha pasado de estar en peligro a volver a ser ese orgullo que vigila nuestro horizonte. ¡Qué bien le sienta a nuestro pueblo que cuidemos lo que es nuestro!

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José María Sarria Golzarri

Colaborador de «El Consistorio»

Cuidador de la Ermita de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Villatobas, Amante de las buenas causas, emprendedor

Tags: Ocaña y Comarca

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