​Para mi madre, María Visitación

Madre, hoy te hablo desde el corazón y con la verdad,

aquí entre los rosales, buscando un poco de paz.

Te echo de menos, tú eras mi apoyo y mi guía,

la que con sus consejos mis penas me dormían.

​Me duele el alma por haber tenido que marchar,

pero tú sabes bien lo que tuvimos que aguantar.

Aquellas palizas, el miedo y el dolor,

yo solo quería defenderte con todo mi amor.

​Me fui para no perder la vida, por pura necesidad,

porque aquel infierno no era forma de tener dignidad.

Tú lo viste todo, madre, viste mi sacrificio y mi fe,

y sé que donde estés, comprendes por qué me alejé.

​Ahora cuido las rosas del Nazareno con devoción,

y te las ofrezco a ti, con toda mi humilde emoción.

Como cuando plantábamos tomates y usábamos el arado,

siento que, en cada brote, tú sigues aquí a mi lado.

​No estoy solo, María, porque tú vives en mi recuerdo,

y aunque no estés conmigo, en tus consejos me pierdo.

Te quiero, madre mía, hoy y toda la eternidad,

gracias por ser mi madre, mi luz y mi verdad

José María Sarria

Colaborador de «El Consistorio»

Corresponsal en zona de Toledo, Ocaña y comarca, cuidador de la ermita de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Villatobas.

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Tags: Opinión

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