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Tiempo De Vendimia

No logro entender lo que está pasando en esta complicada, divertida, pasional, controvertida, pícara y pinturera España.
Un país diferente a todos los países del mundo, siendo fiel al eslogan: «Spain is different» sin saber si esa peculiaridad es para bien o para todo lo contrario.
Un país donde los mileuristas forman el mayor número de ciudadanos, que por no tener no tienen ni hipoteca, convirtiéndose en auténticos marginados condenados a ser insolventes en cualquier entidad bancaria.
Un país de cincuenta millones de habitantes en el que se desconoce la cifra de paro real por estar inmerso en un complicado entramado de contratos laborales «suis géneris», fruto de un sofisticado artificio donde el número de parados se diluye por arte de magia en farragosos conceptos.
Un país que nadie sabe si va a la quiebra o viene de ella, si se recupera, se mantiene o cada vez está más endeudado.
Un país en el que en estos meses de julio y agosto se registran más de diez millones de desplazamientos en cada operación salida o entrada, con el combustible por las nubes y el parque móvil cada vez más viejo, con el 50% de los vehículos por encima de quince años de antigüedad. ¡Puro milagro económico!
Un país donde los sindicatos se muestran satisfechos viviendo momentos de enorme placidez, al no tener nada que reivindicar, porque comer gambas produce amnesia.
Un país con la sociedad entretenida en subsistir como sea, que trata de llegar a fin de mes de la mejor forma posible, en conservar su estatus a costa de quién sea, o seguir viviendo, aunque sólo sea un día más, cobrando subsidios y jornales en B. en negro, o la remanguillé, es un país tan extraño como atípico.
Y como siempre sucede, serán los más débiles quienes padecerán las consecuencias, tras los consabidos daños colaterales, esta calma chicha, este encefalograma plano, propio de una sociedad vencida, domada y adormecida, a base de inyectarse en vena grandes dosis de una extraña ideología que nada tiene que ver con el socialismo, ni siquiera con la izquierda.
Un eminente político griego decía, que las guerras las crean los gobernantes para su subsistencia y satisfacción, siendo el pueblo el que pone los muertos con plañideras de fondo cantando himnos a la vida y a la libertad.
No seríamos justos, ni inteligentes tampoco, si toda nuestra frustración la descargamos sobre estos vividores, ocultando así nuestra indeclinable responsabilidad de habernos entregado incondicionalmente dejándonos la dignidad hecha girones.
Podemos decir de ellos, como desahogo, como terapia, o frustración, que son una rémora, una carga, un suplicio…, pero con esto no solucionaremos nuestros problemas, entre otras cosas, porque ellos se han acostumbrado al insulto y les importa un bledo lo que podamos pensar o decir. Porque ellos saben que no nos atreveremos a llegar más lejos que la crítica nacida tras una jarra de cerveza.
A los españoles toda la fuerza se nos va por la boca, de boca para afuera y de boca para adentro.
Nos encontramos con una España abocada a una nueva crisis, ahora con una deuda récord de 1.800 billones de euros…
Mientras esto sucede síganos cantando La Parrala que todavía hay mucha fiesta por delante aunque en Ceuta y Melilla hayan tocado generala
Enrique García-Moreno Amador
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