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Junto Al Mar Y Las Estrellas

Estoy instalado en mi atalaya mediterránea junto al mar, desde donde echo a volar mi imaginación e intento recuperar mis recuerdos serenando el alma.
En este escenario maravilloso no necesito atrezos, tramoyas, decorados, ni utillajes… Sólo un ligero y funcional mobiliario en el que se integra una hamaca.
Todo lo que necesito lo tengo a mano, un libro, un periódico, un pequeño receptor de radio y.la imaginación despierta dispuesta soñar.
Estoy disfrutando de la refrescante sombra mañanera vestido con la mínima ropa que me permite mi elevada terraza, procurandome una gratificante sensación de libertad.
De vez en cuando invaden y envuelven mi atalaya ligeras brisas llegadas desde las viejas montañas que casi tengo al alcance de mis manos en un lateral, dejando el frente libre para que se extienda plácidamente el Mediterráneo vestido de azul con inmaculados y delicados encajes y nacaradas cenefas.
Abajo en la dorada playa se oye el bullicio que nace de los ocasionales veraneantes, el trasiego de los niños, las piruetas de los jóvenes y la voz ronca de los vendedores de prendas originales, auténticas imitaciones made in China.
Un gran grupo de yayos y yayas hacen «aquagym» mientras los jóvenes se entretienen tratando de satisfacer sus ansias de conocer profundamente sus anatomías, como consecuencia de su recién estrenado apasionado amor de verano.
Tan enfrascados están en su tarea de reconocimiento anatómico, que no se dan cuenta que en su derredor han llegado la visita de unas medusas portuguesas. Pero en ese estado de supino ardor, no están las cosas como para ver medusas.
Y tras leer de punta a rabo el periódico, que cambio de cabecera cada día para evitar ser adoctrinado, atontolinado y abducido, me quedo impactado con la noticia del día:
El CIS de agosto da a Sánchez ganador de las próximas elecciones de los EEUU mientras se solaza en la Mareta practicando buceo en una piscifactoría natural.
Tras reponerme de la magnífica noticia, me inclino hacia un lateral de mi hamaca caribeña, me sirvo un verdejo y después de una larga degustación, no reprimo unas súbitas ganas de eructar.
Con el movimiento mínimo, copiado de un perezoso, enciendo la radio y me entero que ya nos podemos vacunar contra la gripe en los centros de salud.
Mantengo la sintonía y nos informan que las gafas sobrantes del eclipse serán donadas para corregir la cortedad de miras.
Ante semejante situación decido acabar mi botella de Rueda para de inmediato quedarme en los brazos de Morfeo en mi hamaca caribeña de vivos colores
Enrique García-Moreno Amador
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