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El viaje eterno de «La Mahoma»: historia viva, hermanamiento y memoria compartida por Biar a Villena

Cada 8 de septiembre, los caminos que unen el Alto Vinalopó son testigos de un acontecimiento que trasciende lo festivo: el regreso de «La Mahoma» a Biar tras presidir los festejos patronales de Villena, renovando un ritual de vecindad que atesora siglos de historia compartida.
«Vencen los de Villena, así por su mayor número como por la protección que le dispensan los de Biar, y llenos de gozo arrastran los restos camino de su pueblo». — Semanario Pintoresco Español (1839)
Antes de que las calles de Biar vuelvan a abrir sus puertas a su figura más querida este 8 de septiembre, el archivo audiovisual nos permite detenernos en una fecha señalada: el 12 de mayo de 1974. En las imágenes conservadas de la película de fiestas de la Junta Central de Fiestas de Villena de aquel año, se aprecia con emoción cómo se vivía entonces esa misma despedida; miradas, risas y aplausos de una generación que cuidaba y transmitía con orgullo un patrimonio inmaterial que hoy sigue latiendo con fuerza.
Despedida de «La Mahoma» en 1974
1838: Las primeras huellas impresas de una devoción popular
Para comprender la magnitud de este legado, la hemeroteca se convierte en una aliada imprescindible. Aunque la tradición oral y la práctica festiva son notablemente más antiguas, el primer testimonio documental conjunto en Biar y Villena data de 1838. Aquellos festejos quedaron inmortalizados en las páginas del Semanario Pintoresco Español, publicadas el 5 de mayo de 1839.
El cronista de la época describía con viveza plástica el momento cumbre en la plaza pública:
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La disposición en la plaza: Los vecinos de Biar y comarca rodeaban el espacio, mientras los de Villena se situaban a la derecha del castillo y los de Castalla ocupaban la izquierda.
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La disputa ritual: Los asistentes se lanzaban a desatar la figura para disputarse el honor de su traslado.
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El pacto implícito: Con la complicidad y el respaldo de la propia villa de Biar, los festeros de Villena se alzaban con la efigie para emprender el camino de regreso cantando y celebrando.
Esta crónica no solo certifica la antigüedad de la cesión, sino que confirma un dato histórico capital: la existencia ya consolidada en Villena de una comparsa de moros organizada expresamente para custodiar y trasladar la figura, lo que sitúa sus Fiestas de Moros y Cristianos en un plano de notable madurez durante las primeras décadas del siglo XIX.

Raíces medievales: De la crónica de 1463 a las plazas levantinas
El uso de estos muñecos gigantescos —conocidos en textos antiguos también como Aduar o Papaz— hunde sus raíces en las representaciones teatrales de la Baja Edad Media. Una prueba documental determinante se halla en la célebre crónica del Condestable Don Miguel Lucas de Iranzo de 1463, relativa a los festejos en Jaén.
En aquel documento del siglo XV ya encontramos el armazón estructural de la fiesta moderna: el parlamento diplomático a modo de misiva leída, las escaramuzas o alardos representados en juegos de cañas y torneos, la colocación de la efigie en lo alto del castillo tras la conquista mora, y su desenlace con el bautismo del líder musulmán y el arrojo del muñeco a la fuente de la plaza pública; un ritual purificador que en Villena pervivió hasta principios del siglo XX.

El preludio del viaje: La sátira y el abrazo popular
El ciclo festivo encuentra su antesala perfecta cada 11 de mayo por la tarde en el Ball dels Espies (Danza de los Espías). Cientos de parejas ataviadas con indumentaria antigua danzan por las calles en una representación satírica donde el bando moro finge espiar la plaza cristiana. Esta pieza de teatro popular constituye la despedida más sentida y colorida a «La Mahoma» antes de emprender su viaje anual.

Más allá del valor etnográfico o el rigor de las crónicas, «La Mahoma» es, ante todo, el reflejo del cariño mutuo entre dos pueblos vecinos. Un año más, cuando el calendario marque el 8 de septiembre, la tradición volverá a cumplirse con la misma calidez con la que nuestros abuelos la despidieron en aquella lejana primavera de 1974.

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