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Un lienzo de José Aparicio, desaparecido del Museo del Prado

No, no se trata de un nuevo robo, ni siquiera está claro que lo fuera cuando sucedió lo que ahora les voy a exponer, pero no deja de ser una desaparición todavía no resuelta, en principio del principal museo y pinacoteca de nuestro país, el Museo Nacional del Prado de Madrid, aunque en realidad tampoco esto está tan claro, como veremos.
Captó mi atención un artículo publicado en las páginas 1 y 2 del día 8 de junio de 1932 en el diario El Luchador de Alicante, firmado por el marchante y crítico de arte, colaborador de este y otros medios, Juan de Rojas y Puig, titulado «Un rescate de cautivos». El día 10 del mismo mes, idéntico artículo quedaba reproducido en la página 1 del también alicantino diario El Día. Este escrito versaba sobre un lienzo al óleo que llevaba un tiempo desaparecido, del pintor alicantino José Aparicio e Inglada, cuyo título exacto es Rescate de cautivos en tiempos de Carlos III, y que representaba a cautivos en Túnez y Argel siendo redimidos por orden del monarca para poblar la alicantina isla Plana, actual Nueva Tabarca, en el último tercio del siglo xviii.
Partamos de la base de que José Aparicio e Inglada (Alicante, 1770-Pozuelo de Alarcón, Madrid, 1838) fue uno de los máximos exponentes de la pintura neoclásica española. Formado artísticamente en el taller de los Espinosa en su ciudad natal, posteriormente en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia y en la de San Fernando de Madrid, fue galardonado con tan solo veintiséis años, en 1796, con cuya dotación pudo continuar sus estudios en París, donde frecuentó el estudio de Jacques-Louis David, pintor de gran influencia en el estilo neoclásico, siendo nuevamente premiado en 1806. Al año siguiente marchó a Roma, donde tuvo que permanecer hasta 1814 a causa de la invasión napoleónica. Fue en la Ciudad Eterna donde Aparicio pintó El rescate de cautivos en tiempos de Carlos III, obra que le valió el ingreso como académico de mérito en la Academia de San Lucas. A su regreso a España sería nombrado pintor de cámara de Fernando VII y académico de mérito y más tarde director de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, convirtiéndose en un artista muy célebre, siendo sus obras habitualmente destinadas a centros oficiales y casas nobles. Por último, diez años antes de su fallecimiento, Aparicio fue nombrado académico de mérito de la Academia de San Carlos de Valencia. Sirva esto para reivindicar a este gran pintor alicantino, a veces no debidamente reconocido.

Pues bien, en su artículo, Juan de Rojas escribía que «uno de los cuadros más célebres del pintor alicantino José Aparicio Inglada, es el que lleva por título el mismo que encabeza estas líneas: fue pintado en Roma en el año 1813 y adquirido por S.M. Fernando VII, pasó luego al Museo del Prado y más tarde al de Arte Moderno, ignorándose en la actualidad su paradero; es de un mérito indiscutible para los alicantinos por evocar un hecho del reinado de Carlos III íntimamente ligado a la historia de Alicante». A continuación, Rojas explicaba con detalle cómo el monarca había encomendado a la Orden de la Merced —por cierto, establecida en Alicante desde el año 1702, en concreto en lo que hoy es el barrio de San Blas—, el rescate de una parte de los pobladores de la Tabarka tunecina, de origen genovés y dedicados a la pesca del coral, cómo habían sido reducidos a la esclavitud tras ser capturados por los piratas berberiscos, su proceso de redención, su llegada a Alicante y, posteriormente, a Nueva Tabarca, así denominada a partir de su colonización por los rescatados, como así lo decidiera el rey.
Continúa el artículo Rojas con una descripción del lienzo. «Aparicio traslada al lienzo el preciso momento en que se realiza el rescate: en primer término a la izquierda, sentado y apoyado sobre sillares de cantería, un cautivo en actitud meditabunda sostiene sobre sus muslos una niña pubescente completamente desfallecida, en segundo término otro cautivo, sentado en el suelo sobre brozas en la misma actitud, sujetos por cadenas, ajenos a la escena que se desarrolla en el resto del cuadro. Por diversos términos de la derecha, en tropel, se dirigen otros cautivos en actitudes diversas por entre soldados argelinos en busca de su libertad hacia la escalera, en cuyo primer tramo, situado en el centro del cuadro, un mozo corpulento conduce a un ciego y venerable anciano que, en plano inferior, se apoya sobre su nietecita; en el rellano, varios P.P. Trinitarios y Mercedarios entregan a los argelinos las estipulaciones del rescate, mientras otro religioso dirige la palabra a los cautivos; al fondo, un arco de medio punto con gruesos barrotes de hierro, por los que asoman irredentos, separa otra estancia oscura iluminada con hachones».
Terminaba el artículo manifestando que personalmente realizó pesquisas encaminadas a resolver el enigma de la misteriosa desaparición del lienzo de Aparicio, incluso en el supuesto último destino del mismo, el Museo Nacional de Arte Moderno, sin éxito y con gran crítica hacia el desastroso registro que la entidad llevaba a cabo, añadiendo una propuesta en forma de pregunta: «¿No habría manera de que nosotros pudiésemos conseguir del citado Museo Nacional, se averiguase si en los sótanos del mismo o en algún museo provincial se encuentra “Un rescate de cautivos”, poniendo por nuestra parte el mismo celo desplegado por los asturianos [que de este modo habían resuelto un caso similar con una obra del pintor gijonés Ventura Álvarez Sala], hasta conseguir rescatar el cuadro de Aparicio?».
Puestos a investigar, documentar y actualizar todo lo anterior, con la información oficial que ofrece el propio Museo Nacional del Prado, comenzamos con esta ficha de su catálogo:
Número de catálogo: P007944
Autor: José Aparicio e Inglada
Título: Rescate de cautivos en tiempos de Carlos III (boceto)
Fecha: Hacia 1813
Técnica: Óleo
Soporte: Lienzo
Dimensión: Ancho: 73 cm; Alto: 56 cm
Procedencia: Adquirido en Alcalá Subastas por el Museo del Prado, 2006
Fecha de ingreso: 2006
Ya partimos de la base de que se trata de un boceto. Profundizando en la información nos encontramos que actualmente está en exposición en la Sala 64, compartiendo espacio nada menos que con obras de Goya y Madrazo. Javier Barón Thaidigsmann, Jefe de Colección de Pintura del Siglo xix del Museo Nacional del Prado, en las páginas 70-72 de su Memoria de Actividades 2006, afirma lo siguiente: «Boceto preparatorio para la pintura homónima, hoy desaparecida de las colecciones del Museo del Prado, que conmemoraba el rescate de un gran número de cautivos en Argel en 1768 por orden de Carlos III». Añade a continuación que «el lienzo tenía unas medidas de 435 x 638 cm [diferentes a las que constan en la ficha]. Se conservan testimonios fotográficos que permiten conocer su composición. Tanto esta última circunstancia como la existencia de un grabado de Bartolomeo Pinelli (1781-1835), del que se conservan sendos ejemplares en la Biblioteca Nacional y en el Museo de Historia de Madrid, que reproduce el cuadro, han permitido identificar este boceto, con significativas variantes, del original perdido».
Teniendo ya claro que del original no se conoce el paradero, Barón, que afirma que «era un cuadro relevante en el conjunto de la producción de Aparicio», recoge el periplo de la obra desde su terminación en Roma, tras varios años de trabajo, en 1813. «Aparicio lo expuso al año siguiente en la Iglesia de Santa Maria della Rotonda en el Panteón con éxito, pues obtuvo la nominación de Académico de San Lucas. Lo ofreció después a Fernando VII, que lo aceptó. En 1815 lo llevó seguramente a España, donde pasó a las Colecciones Reales y fue expuesto en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. En ese mismo año, el artista añadió la figura de un fraile trinitario calzado, orden que también participó en el rescate junto a los trinitarios descalzos y a los mercedarios. Pasó luego al Museo Real de Pinturas y se trasladó a finales del siglo al Museo de Arte Moderno, en cuyos catálogos de 1899 y 1900 se consignaba, desapareciendo después». Y ya hemos llegado al mismo punto que Juan de Rojas.
En la misma Memoria de Actividades, Javier Barón también describe la obra —que no coincide en varios detalles con Juan de Rojas—. «El boceto muestra, perfectamente conseguido en tonalidad ocre y gris casi monocroma, el efecto general de las masas de figuras en la composición, acentuando su franja central mediante la iluminación que viene de la izquierda, por donde penetran a la mazmorra los frailes, uno de los cuales entrega el rescate. En el grupo de cautivos de la derecha, la condición de las figuras, una madre que da el pecho a su hijo y un anciano sostenido por dos jóvenes, acentúa el dramatismo de la escena. La emoción que suscita la redención se plasma sobre todo en el sentido de avance del grupo central, que se resuelve con un sentido triunfal en la figura del joven situado más hacia el centro». Habla también de la inspiración de Aparicio en el grupo escultórico clásico griego Laocoonte y sus hijos (Museos Vaticanos), su propio lienzo coetáneo Sócrates enseñando a un joven (Museo Goya, Castres, Francia), y el personaje de Ugolino del poema Divina Comedia de Dante.
Así pues, la obra expuesta en el Museo del Prado está claro que se trata del boceto original de Aparicio y no una copia de Pinelli —como por otra parte citan otras fuentes—, y ni rastro del lienzo original, del que se pierde la pista en el desaparecido Museo de Arte Moderno, cuya colección de pintura del siglo xix fue traspasada en 1971, precisamente, al Museo del Prado. Es más, en un correo personal del nieto de juan de Rojas, Daniel Juan de Rojas y Cánovas, este lo confirma, además de añadir que su abuelo —quien por cierto fue el primer organizador de exposiciones de arte de la Diputación Provincial de Alicante—, en su pinacoteca familiar conservaba un tercer grabado al aguafuerte del italiano Bartolomeo Pinelli, y de ahí las variaciones en su descripción respecto de la realizada por Javier Barón.









