«Escombros, restos de desguace y ramas se acumulan sin control en un espacio protegido por tres figuras ambientales, generando un ‘efecto llamada’ ante la pasividad municipal y la escasez de medios policiales.»
El municipio madrileño de Arroyomolinos vuelve a situarse en el punto de mira por su situación ambiental, calificada por colectivos locales como el “Salvaje Suroeste”. La Ribera de San Pedro acumula de forma constante vertidos incontrolados de escombros, parachoques y restos de podas y desguaces de vehículos, una problemática que, lejos de resolverse, continúa agravándose debido a la falta de vigilancia disuasoria en la zona.
Un enclave con triple protección ambiental bajo el abandono
La zona afectada cuenta con una alta sensibilidad ecológica, al encontrarse amparada bajo tres figuras de protección diferenciadas: el Parque Regional del río Guadarrama, el Dominio Público Hidráulico del mismo río y la condición de Vía Pecuaria.
A pesar del valor ecológico del entorno, la situación contrasta fuertemente con la de los municipios colindantes. Mientras localidades vecinas como Navalcarnero intensifican la limpieza a lo largo del Carril Toledano y la orilla oeste, o Móstoles mantiene a raya a los infractores mediante patrullajes frecuentes en Las Sabinas y los accesos de la A-5, Arroyomolinos experimenta un claro retroceso en materia de control y limpieza.
Crisis policial y un peligroso «efecto llamada»
El origen del problema radica, según denuncian los vecinos, en los recurrentes problemas que arrastra el Ayuntamiento de Arroyomolinos con su plantilla de Policía Municipal. La escasez de medios materiales y humanos repercute directamente en la ausencia de vigilancia en la Ribera de San Pedro, permitiendo que los vertidos ilegales no paren de crecer.
A los habituales sacos de escombros y restos de reformas domésticas se han sumado recientemente residuos peligrosos procedentes de talleres mecánicos. Esta acumulación genera un indeseado «efecto llamada», atrayendo tanto a nuevos infractores como a pirómanos que prenden fuego a los acopios de basura, con el consecuente riesgo para la seguridad y el medio ambiente. Esta denuncia pública se suma a una larga lista de advertencias lanzadas reiteradamente por vecinos y ecologistas sobre este mismo enclave.


















