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Marchando, Una De Vida

Tras aquel magnífico comportamiento generalizado donde se primaban valores como el respeto, el afecto y la sabiduría, incluso la reverencia hacia los ancianos, los integrantes de mi generación empezamos a sentirnos maltratados al notar que ciertos políticos nos consideran una lacra social, improductiva y molesta.
Los que antes representábamos un valor derivado de la experiencia, sabiduría, serenidad y mesura, ahora con la irrupción de esta nueva subclase de políticos de rompe y rasga, quieren hacernos creer que somos una lacra social. ¿Se puede ser más ruin?
Pasaron los años en donde los niños eran los reyes de las casas y han llegado estos nuevos tiempos en donde les toca padecer situaciones de angustia por un manifiesto maltrato, al quedar a merced de la misericordia de sus padres por culpa de una ola de divorcios y lo que era peor, anulaciones matrimoniales.
Siendo las residencias, colonias de verano, internados y casas de acogida, el recurso para deshacerse de los chavales porque sus padres quisieron darse una nueva oportunidad por separado, pero con la pesada carga de la mochila que representan los hijos…
Decían que querían empezar de cero y en ese cero no se encontraban los hijos, que de tener un hogar se convirtieron en convidados de piedra, en eternos visitadores de quincenas alternas.
Pero como los tiempos lo cambian todo, ahora son los jóvenes los maltratados por esta nueva sociedad al inocularles una bacteria que propicia el canibalismo.
Los jóvenes se sienten abusados por algunos empresarios remisos a la hora de aumentar sus plantillas, aduciendo que carecen de experiencia, formación y personalidad. Y es que los jóvenes suelen tener el hándicap de su propia juventud…
Resulta que los jóvenes que nos repudiaban hace nada, ahora son ellos los repudiados por jóvenes… De ahí ese canibalismo que hacíamos mención.
Antes los jóvenes se marcaban grandes objetivos, mientras que hoy se marcan metas ridículas, porque la eventualidad, provisionalidad y volatilidad del mundo empresarial sólo les permiten vivir el día a día a través de trabajos por horas en su condición de falsos autónomos siendo dependientes absolutos.
Los niños de mi generación aprendimos a compaginar práctica y teoría al mismo tiempo, al contrario de lo que hoy ocurre, donde la práctica representa un lujo al alcance de muy pocos al mutar ésta en experiencia.
Aprendimos a llamarnos por teléfono usando dos botes unidos en sus bases por un hilo tensado de varios metros de longitud. De ahí que cuando apareció el móvil no tuvimos grandes problemas para usarlo.
Allá por los años cuarenta, nuestra principal actividad era soñar, ahora la principal actividad se desarrolla en las redes sociales donde no hay sueños, sino pesadillas. Antes los maestros desarrollaban en nosotros los suficientes recursos para potenciar nuestra inteligencia, ahora enseñan a nuestros nietos a comunicarse a través de una falsa inteligencia artificial que no es otra cosa que comprar conocimiento conservado en una aplicación on line.
Antes la sociedad nos preparaba para ser autónomos de inmediato, ahora las circunstancias obligan a los ciudadanos a vivir más años, siendo dependientes gran parte de su existencia, hasta el punto de tener que sacar a sus abuelos de las residencias para que se hagan cargo de ellos.
Pronto existirá una generación que en el mismo año que consiga su primer trabajo se tendrá que jubilar preguntándose para qué quieren un aumento de la esperanza de vida, si no saben que hacer con ella.
Antes la tontería y la estupidez eran tan excepcionales como puntuales, en una sociedad que no se podía pagar un psicólogo, porque con su minuta podían comer una semana.
Enrique García-Moreno Amador
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