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La crisis de seguridad de Ceuta

En unas horas asistiremos al desfile de hasta ocho ministros en el Congreso de los Diputados para exponer el sesgado relato gubernamental sobre la situación que se está viviendo en Ceuta, posiblemente cuando este artículo se haya publicado ya habrá comparecido la ministra de Defensa, Margarita Robles, quien tanto tiene que decir para defender el trabajo que realizan los servicios de inteligencia que dependen de su Ministerio, CNI y CIFAS. Los que esperen escuchar, por parte de los comparecientes, una comunicación que incluya la autocrítica por sus injustificables errores de gestión y que muestre, de una manera honesta, a los ciudadanos el respeto que merecemos a nuestros gobernantes, están profundamente equivocados, ojalá me equivoque.

En las semanas anteriores he publicado sendos artículos en el Consistorio Digital sobre esta crisis. En el primero de ellos (publicado el 2 de agosto) enmarcaba la invasión de Ceuta en la utilización instrumental de los flujos migratorios como mecanismo de coerción y presión estratégica entre Estados, explotando vulnerabilidades políticas, sociales y fronterizas para alcanzar objetivos estratégicos sin recurrir al empleo directo de la fuerza.

En el segundo de los artículos, publicado el pasado día 12, interpretaba la crisis de Ceuta desde la teoría de la disuasión y las alianzas, sosteniendo que el problema no reside tanto en un fracaso puntual de la disuasión como en la ausencia de una arquitectura disuasoria eficaz y creíble. En él examinaba las vulnerabilidades españolas, el cálculo estratégico marroquí y el papel de la OTAN y la UE, planteando la necesidad de reconstruir la capacidad de disuasión mediante una combinación coherente de capacidades, voluntad política y alianzas.

Simultáneamente emprendí un trabajo de investigación para el Aula Isen de Estudios Estratégicos, de la que soy analista principal, en el que bajo el título “La crisis de Ceuta y su relación con la presión estratégica, la vulnerabilidad y la disuasión”, el cual fue publicado en el día de ayer. En él se trata de abordar este problema complejo con una mayor profundidad y presidido por la objetividad. En el documento comienzo analizando los factores estructurales de la crisis desde una triple perspectiva: la naturaleza política de Marruecos, en base a las fuerzas motrices en relación con la referida situación; la relación del fenómeno migratorio con la Seguridad Nacional; y, en tercer lugar, atendiendo a las relaciones hispano-marroquíes.

Una vez centrado el problema, se pasa a analizar la crisis de Ceuta desde su dimensión de responder a un modelo de competencia estratégica, para lo que se estudian las condiciones estructurales que han originado el problema: el contexto, la coyuntura favorable identificada por Marruecos y el desencadenante. A continuación, el documento se centra en la descripción del marco en el que se produce el asalto a la frontera, concluyendo que estamos ante una situación que responde a un modelo de conflictos en zona gris, más que a episodio de guerra híbrida, como exponen algunos observadores. Es importante señalar que es precisamente este segundo punto del estudio, que incluye el análisis pormenorizado de cómo puede ser instrumentalizada la migración, lo que permite la comprensión sobre la situación generada en Ceuta en su justa dimensión de crisis de seguridad y no un simple episodio migratorio.

En el cuarto punto identifico la disuasión española frente a Marruecos como un problema estructural en el que más allá de la superioridad española en los campos económico, social, militar, etc., se aprecia una notable vulnerabilidad en los aspectos relacionados con la voluntad de aplicar una estrategia integrada que disuada a Marruecos recurrir al empleo de amenazas hibridad y con la credibilidad de la determinación en aplicar, llegado el caso las medidas coercitivas pertinentes para mantener la situación por debajo del umbral del conflicto armado. Este punto 4 pone fin al análisis del problema bajo las diferentes perspectivas citadas y abre el camino al último de los puntos de la investigación que tiene que ver con las implicaciones que este fenómeno tiene para España y que trataré de sintetizar a continuación.

El documento de investigación arriba descrito pretende aportar un conocimiento más amplio sobre una situación que entraña un gran peligro para la soberanía e integridad territorial española, para a través de él estar en condiciones de mitigar los efectos que el relato gubernamental pretende imponer a la sociedad española. Es por ello por lo que el análisis de la situación sería insuficiente si no se aportara las implicaciones que este tipo de situaciones tienen para nuestro país. Con esta intención, en las siguientes líneas, resumiré el quinto punto del citado documento de investigación.

Llegados aquí, quizás la primera enseñanza de lo sucedido en Ceuta sea la necesidad de definir correctamente el problema. Hablar exclusivamente de una crisis migratoria supone centrar la atención en el instrumento utilizado y no necesariamente en la naturaleza de la crisis. Lo ocurrido debería entenderse, más ampliamente, como una crisis de seguridad, en la que un flujo masivo de personas ha generado simultáneamente efectos sobre el control fronterizo, la seguridad ciudadana, la acción exterior, la economía, las relaciones con nuestros socios y aliados y, en último término, sobre la soberanía nacional.

Esta consideración obliga a extraer como primera implicación que España necesita dotarse de unas políticas internas y exteriores frente a Marruecos que tengan una mayor solidez y coherencia. La gestión de la crisis de Ceuta ha vuelto a mostrar las dificultades existentes para anticipar y responder a situaciones que desbordan los mecanismos ordinarios de control fronterizo. Pero también plantea interrogantes sobre la prevención y gestión de crisis, la coordinación entre los diferentes instrumentos del Estado y, especialmente, sobre nuestra capacidad para conservar la iniciativa cuando otro actor provoca deliberadamente una situación que obliga a reaccionar ante hechos consumados.

La crisis posee igualmente una importante dimensión humana y social. Cuando decenas de miles de personas atraviesan una frontera en un periodo muy reducido, el problema deja de afectar exclusivamente a quienes intentan entrar en España; afecta también a la población de Ceuta, a sus servicios públicos, a la seguridad ciudadana y a la capacidad de las administraciones para garantizar unas condiciones mínimas de convivencia. Esta circunstancia deberían llevar a revisar no solamente los medios disponibles para controlar nuestras fronteras, sino también la adecuación de las políticas migratorias a situaciones extraordinarias que pueden ser deliberadamente explotadas por terceros.

Una segunda enseñanza consiste en la necesidad de reducir las vulnerabilidades españolas frente a Marruecos. Ceuta y Melilla poseen una vulnerabilidad estructural derivada de su posición geográfica, pero la geografía no puede modificarse. Sí pueden reducirse, por el contrario, otras vulnerabilidades como es el caso de nuestra exposición ante flujos migratorios masivos, el de tener una relación bilateral excesivamente condicionada por la necesidad de cooperación marroquí en determinadas materias, por la polarización política interna o una insuficiente percepción social de la dimensión estratégica que poseen ambas ciudades, por citar algunos de los aspectos más relevantes.

Paradójicamente, España dispone al mismo tiempo de importantes fortalezas. Su peso económico, sus capacidades militares, su posición internacional y su pertenencia a la Unión Europea y a la OTAN le proporcionan una ventaja considerable respecto a Marruecos. El problema no parece residir, por tanto, en la inexistencia de capacidades, sino en nuestra disposición para transformarlas en instrumentos efectivos de influencia, coerción y disuasión. El ámbito económico resulta especialmente significativo debido a la asimetría existente a favor de España, lo que permite plantearse hasta qué punto las relaciones económicas y comerciales pueden formar parte de una estrategia más amplia destinada a incrementar los costes de futuras acciones de presión.

Esta reflexión conduce a una tercera implicación referida a la adaptación de nuestras políticas y estrategias en Seguridad y Defensa a los conflictos que se desarrollan en la zona gris. Las amenazas contra la soberanía de un Estado ya no tienen por qué materializarse mediante una agresión militar convencional. Pueden hacerlo mediante instrumentos migratorios, económicos, diplomáticos, informativos o sociales cuidadosamente utilizados para mantenerse por debajo del umbral que justificaría una respuesta militar. Frente a estas actuaciones, disponer de unas Fuerzas Armadas superiores continúa siendo necesario, pero resulta insuficiente si esa superioridad no puede trasladarse al terreno en el que realmente se está produciendo la confrontación.

España necesita, por ello, una disuasión multidimensional e integral. Una estrategia que combine diplomacia, economía, inteligencia, seguridad interior, control fronterizo, comunicación estratégica y, cuando resulte necesario, capacidades militares. También debe incorporar plenamente a nuestros socios y aliados. Ceuta no constituye únicamente una frontera española, sino que forma parte de la frontera exterior de la Unión Europea. Conseguir que una futura presión sobre ella sea percibida como un problema europeo, y no exclusivamente bilateral entre Madrid y Rabat, multiplicaría considerablemente los costes que Marruecos tendría que incorporar a su cálculo estratégico.

En definitiva, la principal enseñanza de Ceuta probablemente no sea cómo gestionar mejor la próxima entrada masiva, sino en cómo evitar que vuelva a producirse. Para ello España deberá reducir sus vulnerabilidades, recuperar la iniciativa estratégica y convertir sus indudables fortalezas frente a Marruecos en creíble capacidad de disuasión. Porque la verdadera eficacia de la disuasión no se demuestra cuando somos capaces de responder a una crisis, sino cuando conseguimos que quien contempla provocarla concluya previamente que los costes que deberá asumir serán superiores a los beneficios que espera obtener.

Creo que, con estas consideraciones, las cuales son un extracto de las implicaciones estratégicas que para España se pueden identificar sobre la crisis de seguridad de Ceuta, se concluye esta serie de tres artículos sobre la invasión de Ceuta por 75.000 personas procedentes de Marruecos, lo cual es una evidente agresión a la soberanía e integridad territorial de España. Una invasión que las autoridades marroquíes consintieron e impulsaron, mientras las españolas no supieron o no quisieron prevenirlas. Invasión que ha generado una crisis de seguridad ciudadana, cuyas consecuencias todavía no se han manifestado en toda su gravedad, y una emergencia humanitaria que afecta no solamente a los supuestos migrantes, sino a los propios ciudadanos ceutís sumidos en el miedo y en la desesperación. Todo ello, con la pasividad del gobierno en su reacción y la condescendencia con Rabat, una gestión improcedente para un gobierno de un Estado democrático y de derecho, que está mostrando su incapacidad para mitigar los efectos de la agresión y está perdiendo, si no lo ha hecho ya, su credibilidad ante sus socios y aliados.

Hoy, después de casi un mes desde que se produjera la invasión, el presidente Sánchez ha convocado el Consejo de Seguridad Nacional, poniendo de manifiesto que durante sus vacaciones no consideró que estuviésemos viviendo una agresión a la seguridad nacional. El problema, sin lugar a duda, va más allá del ámbito geográfico de la ciudad de Ceuta, hoy España se enfrenta a su propia realidad de mantener su soberanía y el orden institucional.

Recomiendo a los lectores hagan caso omiso de los cantos de sirena que vamos a escuchar de los ministros comparecientes en los próximos días, les ofrezco, como complemento a estas líneas el documento completo sobre la crisis en Ceuta: https://isen.es/publicacion/la-crisis-de-ceuta-y-su-relacion-con-la-presion-estrategica-la-vulnerabilidad-y-la-disuasion/

Jesús de Miguel Sebatián

Analista Seguridad Internacional

Socio fundador de TWCI y experto en inteligencia estratégica. Con una destacada trayectoria militar internacional en Bosnia, Irak y Afganistán, ha sido Agregado de Defensa en México y directivo de seguridad en el sector privado. Actualmente es docente universitario y consultor especializado.

Tags: El Atril de Jesús de Miguel Sebastián

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