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Cuanto peor, mejor

Después de unas semanas de ausencia de mi atril del Consistorio, retomo la labor divulgativa. Antes de comenzar con este artículo, quisiera hacer una anotación a los lectores del CD para decirles que en estas últimas semanas he publicado dos documentos de investigación sobre la situación de emergencia nacional que se está viviendo en Ceuta, el primero de ellos se trata de un análisis descriptivo de la crisis generada, mientras que el segundo va más allá, para realizar en él una prospectiva sobre el statu quo de Ceuta y Melilla en un horizonte temporal de diez años. Ambos, para quien esté interesado, lo pueden encontrar en la web del Aula Isen de Estudios Estratégicos (https://isen.es/aula-de-estudios-estrategicos/).
La evolución de los acontecimientos en la ciudad española de Ceuta, más apropiadamente la involución de la situación, está siendo condicionada, en buena parte, por la deficiente gestión, cuando no inacción, del actual gobierno de España. Esta regresión de la seguridad nacional española de la manos de quienes tienen la obligación de preservarla, me ha llevado al tema de este ensayo –cuanto peor, mejor–, recordando algo que escribí en los días de confinamiento por el COVID y que me gustaría compartir con ustedes.
Las razones que me llevaron en ese momento a publicar esas reflexiones en LinkedIn, plataforma que en los largos meses de reclusión forzada era mi única salida para compartir mis reflexiones e inquietudes sobre el preocupante rumbo que ya había introducido ese gobierno, y que el tiempo ha demostrado que no era sino el comienzo de la que está siendo una de las épocas más oscuras de la Historia reciente de España.
El origen de ese escrito fue mi participación en una webinar organizada por la Alianza Española de Seguridad y Crisis, AESyC, con el título «Superioridad informativa en tiempo de Crisis, la importancia de la Inteligencia». En el curso de este foro, uno de los ponentes sostenía que la seguridad nacional ya no es un concepto importante y que es necesario enfrentar los problemas de otra manera. Hoy pareciera que esa desafortunada afirmación parece ser el sustento de nuestro gobierno ante situaciones de crisis como la que se está viviendo en Ceuta y que, no nos engañemos, ni nos dejemos engañar, supone una verdadera afectación grave a la seguridad nacional.
Antes de continuar, permítanme unas breves puntualizaciones sobre el concepto de seguridad. Cualquier organización debe garantizarla, siendo su fin último el de asegurar su supervivencia. Si nos referimos al Estado su supervivencia es su propia soberanía; si hablamos de la comunidad el objetivo pretendido es preservar su identidad; si lo hacemos del medio ambiente deberemos fijarnos en la sostenibilidad como pilar de su supervivencia; y si nos referimos a una empresa es precisamente su continuidad de negocio lo que la garantiza. Así podríamos seguir, enumerando varios elementos, pero llegaríamos a una misma conclusión: la supervivencia de lo que tiene un valor se basa en garantizar su seguridad y articular su defensa.
Evidentemente la seguridad no es un concepto absoluto e inamovible, es indudable que la aproximación a ella hay que realizarla de manera diferente a como se hacía en décadas pasadas, hoy en día, la seguridad requiere ser enfocada desde su multidimensionalidad, en la medida que se puede ver comprometida en diversos campos, político, económico, militar, medioambiental, etc.; y debe de ser entendida en su relación con la globalización, no en vano, los riesgos a los que se enfrentan nuestras sociedades son cada vez más diversos en lo que a su naturaleza y orígenes se refiere, y, además, la mayoría de ellos interconectados, de manera que las tradicionales dimensiones de espacio-tiempo se ajustan en mayor medida a los entornos del caos que a los de normalidad. La tercera seña de identidad de la seguridad es consecuencia de la incertidumbre de los entornos en los que se manifiesta y la interconexión que caracteriza a la complejidad del sistema internacional, lo cual obliga a su gestión integral, por cuanto su afectación se extiende a todos los ámbitos de la sociedad, con independencia de la responsabilidad que deben seguir asumiendo los gobiernos en su dirección.
Esta visión amplia de la seguridad ha sido mayoritariamente incorporada por la práctica totalidad de los Estados desarrollados, siendo muchos de ellos los que han promulgado sus estrategias de seguridad nacional (ESN), como es el caso de España. En la actual ESN de 2021, se contempla esta visión amplia de la seguridad y en ella se abordan la incidencia de las amenazas híbridas, como es el caso de la utilización de la migración como instrumento de presión, así como la concurrencia de todos los esfuerzos desde las diferentes instancias y departamentos. También en la citada ESN, se muestra el papel relevante del Departamento de Seguridad Nacional y el entramado administrativo que, en torno a él, articula a las diferentes instituciones del Estado de acuerdo con lo regulado en la Ley de Seguridad Nacional 36/2015 y la normativa legal que la desarrolla.
Así pues, si el gobierno de España dispone del marco legislativo y regulatorio pertinente; de las capacidades, más allá de las exclusivamente militares, para disuadir a Marruecos en sus pretensiones soberanistas y ejercer la coerción cuando fuera precisa; y de la información de una manifiesta acción hostil contra la soberanía española, algo de lo que cada vez quedan menos dudas. Entonces cabe preguntarse por qué el gobierno de España no ha tenido la voluntad y la determinación de enfrentar un problema que afecta de una manera palmaria a la seguridad nacional y que, lejos de asumir sus errores y manipulaciones de la realidad, se arroga en simplificarlo a una crisis migratoria, aprovechando la dramática situación que estamos viviendo para, a través de ella, profundizar en la división de los españoles y terminar de cercenar la institucionalidad que todavía sobrevive a sus intentos de terminar de quebrarla, como es el caso del bastión de la Justicia.
Esta anomalía de nuestra seguridad nacional no es algo aislado de la actual política española, se trata de una intención implícita para alterar conocemos como el “Régimen del 78”. Sánchez es consciente de la dificultad que tiene para renovar su condición de presidente, ya no simplemente de ganar las elecciones, algo que por cierto tampoco consiguió en 2023, pero no es menos cierto que este personaje no está dispuesto a abandonar la política y su intención es generar un escenario que dificulte lo más posible la gobernabilidad de España, permitiéndole llegar al 2031 (si no antes) como el “candidato salvador” con un programa de revisión constitucionalista que le permita avanzar hacia su ambición de convertirse en el primer presidente de una supuesta tercera república española, contando para ello con un censo electoral torticeramente manipulado por la conocida como la Ley de Nietos, así como por la regulación masiva e irregular de inmigrantes. Para ello, está recurriendo a la quiebra institucional; salvo la Corona, el Poder Judicial y en menor medida las Fuerzas Armadas, el resto de las instituciones del Estado parecen estar al servicio del gobierno. Y para asaltar las que a día de hoy todavía se mantienen firmes, se recurre a impulsar la confrontación permanente.
Este negro panorama es lo que me lleva al título de este artículo. La expresión, “cuanto mejor, peor” se le atribuye a Lenin en la primera etapa de la Revolución Rusa, la cual se convirtió en una norma de conducta de los partidos comunistas en los procesos revolucionarios, como por cierto demostró el PCE y el PSOE de Largo Caballero, a las órdenes de Moscú, durante nuestra cruenta Guerra Civil. El fondo de lo que pudiera parecer una simple frase encierra un sustrato altamente preocupante, en la medida de que son los propios gobernantes, a quienes en teoría hemos elegido para que dirijan nuestro desarrollo y garanticen nuestra seguridad, los que nos llevan hacia los escenarios de confrontación e inseguridad que hoy atisbamos en el incierto horizonte que se conforma para España.
Pero volvamos a la crisis de Ceuta, aunque el problema, como afirmaba en mi anterior artículo “La crisis de seguridad en Ceuta”[1], va más allá del ámbito geográfico de esta ciudad, hoy España se enfrenta a su propia realidad de mantener su soberanía y el orden institucional. En el primero de los trabajos citados al inicio de este artículo concluía que esta crisis no debe ser entendida como un episodio meramente migratorio, sino como una vulneración de la seguridad en el marco de la conflictividad en zona gris, en la que la migración ha sido utilizada como instrumento de presión para explotar las vulnerabilidades españolas. El episodio refleja, además, un problema estructural en las relaciones entre España y Marruecos, susceptible de generar nuevas crisis mientras Rabat perciba que los beneficios de sus acciones superan sus costes. Más que un fracaso puntual de la disuasión española, la crisis evidencia un deterioro acumulativo de su credibilidad, pese a que España mantiene importantes ventajas relativas en los ámbitos militar, económico y de alianzas. La principal asimetría reside, por tanto, en la diferente capacidad y disposición de ambos Estados para convertir sus fortalezas y las vulnerabilidades del adversario en instrumentos de competencia estratégica, en un contexto predominantemente reactivo por parte de España.
De lo anterior se debería colegir que la preservación de la soberanía sobre Ceuta y Melilla requeriría por la parte española una drástica reducción de sus vulnerabilidades, la recuperación de la iniciativa estratégica, y la construcción de una disuasión multidimensional creíble y capaz de modificar el cálculo estratégico marroquí, elevando los costes esperados de futuras acciones de presión. Sin embargo, no debemos circunscribir este episodio ni al ámbito espacial de esta ciudad española, ni mucho menos a una emergencia humanitaria de origen migratorio, estamos ante una crisis de Seguridad Nacional que, relacionada con el revisionismo territorial del Reino de Marruecos, aspira a alterar en el medio plazo el statu quo de Ceuta y Melilla en un contexto de creciente competencia estratégica entre España y Marruecos.
En este orden de ideas en el segundo de los trabajos citados abordaba esta cuestión desde un enfoque prospectivo en el horizonte temporal de 2035, tratando de responder la pregunta: ¿Cómo puede evolucionar en este lapso de tiempo el statu quo de las citadas ciudades españolas como resultado de la interacción entre la estrategia revisionista de Marruecos, la capacidad de respuesta de España, sus respectivos apoyos y alianzas internacionales y las transformaciones del entorno estratégico regional e internacional? El resultado de este análisis nos conduce a los siguientes cuatro escenarios:[2]
- Escenario 1. Continuidad competitiva. Escenario previsible. La presión continúa porque sus costes permanecen dentro de límites asumibles. Marruecos mantiene una presión estratégica selectiva y por debajo del umbral de confrontación abierta; España conserva capacidad suficiente para contener sus manifestaciones más graves, pero no para modificar sustancialmente el cálculo estratégico de Rabat; mientras que la Unión Europea proporciona un respaldo político y estratégico limitado y condicionado. El statu quo se mantiene, aunque sometido a una erosión y tensión recurrentes.
- Escenario 2. Deterioro de la disuasión española. Escenario de vulnerabilidad. La debilidad española amplía progresivamente el margen de maniobra de Marruecos. El deterioro de la cohesión, estabilidad o voluntad política española reduce la credibilidad de su capacidad coercitiva y disuasoria, generando una ventana de oportunidad que Marruecos explota mediante una presión gradual. El respaldo europeo continúa actuando como factor de contención, limitando inicialmente la disposición de Rabat a asumir los riesgos derivados de una escalada mayor.
- Escenario 3. Competencia estratégica. Escenario de confrontación. La determinación de ambas partes incrementa el riesgo de escalada. Marruecos intensifica su presión sobre Ceuta y Melilla mientras España fortalece simultáneamente su capacidad coercitiva y disuasoria y muestra una mayor voluntad de imponer costes. La ausencia de retroceso por cualquiera de las partes genera una dinámica de acción-reacción caracterizada por una elevada tensión estratégica y un creciente riesgo de error de cálculo o escalada no intencionada.
- Escenario 4. Alteración crítica del statu quo. Escenario peligroso. La convergencia de presión marroquí, debilidad española e inhibición europea abre una ventana de oportunidad para alterar el statu quo. El incremento de la disposición marroquí a asumir riesgos coincide con un grave deterioro de la credibilidad disuasoria española y con una Unión Europea que prioriza la preservación de su relación estratégica con Marruecos. La reducción de los costes percibidos por Rabat favorece una intensificación de las acciones coercitivas e híbridas susceptible de provocar una alteración sustancial del statu quo político-territorial o de seguridad de Ceuta y Melilla.
Si bien el primer escenario es el que se presenta con mayor probabilidad, no es menos cierto que la plausibilidad del segundo de ellos citados es evidente y preocupante, habida cuenta de la manifiesta debilidad del actual gobierno de España. Este escenario bien podría desembocar en una suerte de soberanía compartida sobre las dos ciudades españolas, una aspiración que sin duda satisfaría las aspiraciones de Marruecos en el corto plazo y posiblemente contara con un suficiente respaldo internacional, incluida la Unión Europea. Sin embargo, esta especie de cosoberanía no supondría una solución al contencioso marroquí, sino como una posible fase de transición dentro de una estrategia revisionista gradual de ese país. En este preocupante supuesto, su principal riesgo para España sería doble, por una parte, alteraría el statu quo sin garantizar la plena satisfacción del objetivo marroquí y, simultáneamente, debilitaría la capacidad disuasoria española al demostrar que la presión estratégica puede producir concesiones sobre cuestiones consideradas vitales.
Este hipotético escenario responde sin duda al título del artículo –cuanto peor, mejor–, no en vano dejaría un contexto sumamente perverso para el nuevo gobierno de España, el cual se vería obligado a avanzar hacia un entorno de confrontación con el evidente riesgo de la escalada del conflicto con Marruecos. Situación que, sin duda, nos llevaría a una preocupante situación de confrontación interna, lo que obraría a favor de quienes tiene como objetivo la alteración del sistema constitucional de 1978.
Termino con un breve apunte histórico para recordar que hace un siglo, en mayo de 1926, Abd el-Krim, quien había encabezado la revuelta en la región del Rif contra El Protectorado[3], se rindió ante Francia, tras la derrota sufrida por el desembarco franco-español en Alhucemas, quedando este territorio virtualmente pacificado. Las sublevaciones rifeñas que tuvieron lugar durante las tres primeras décadas del pasado siglo tuvieron importantes repercusiones en la política interna española: el fin de la Restauración, la proclamación y posterior caída de la dictadura de Primo de Rivera, y la apertura de un estallido de inestabilidad social que terminaría en la cruenta Guerra Civil.
Es importante señalar, las transcendental diferencia de El Protectorado con las ciudades de Ceuta y Melilla, las cuales nunca formaron parte de él. El primero se trataba de un régimen de tutela internacional en apoyo al sultán de Marruecos, en el que ninguna de las dos potencias coloniales, Francia y España, ejercían soberanía. Mientras que Ceuta y Melilla eran, y siguen siendo, ciudades españolas de pleno derecho sobre las que Marruecos nunca ha tenido ningún tipo de soberanía. Por ello, no se debe extrapolar estos hechos históricos que tuvieron lugar hace 100 años a lo que vivimos en nuestros días, pero si nos debieran llevar al fortalecer nuestra memoria colectiva.
Por ello, en este contexto de “cuanto peor, mejor” no podemos dejar a un lado la reflexión sobre a quien beneficia una situación de inestabilidad creciente en la ciudad de Ceuta. Asumiendo la remota posibilidad de continuidad en la Moncloa del actual presidente tras las elecciones del próximo año, abrir la confrontación social y crear las condiciones que afecten a la gobernanza del nuevo gobierno (previsiblemente del Partido Popular) favorece a Sánchez en su devenir hacia un intento de presentarse a unos nuevos comicios en el entorno de 2031.
Termino dejando abierta una abstracción a los lectores del Consistorio Digital para incidir en que la crisis migratoria con la que el actual gobierno quiere hacernos comulgar no es más que un pobre relato del argumento de quienes buscan agravar un problema que es complejo en sí mismo. Se trata, como ya he expresado en éste y otros artículos, de una cuestión de Seguridad Nacional, en la que concurre un condicionante estructural –la persistencia del revisionismo territorial marroquí–, junto a otro de carácter coyuntural –el grado de estabilidad institucional, cohesión política y capacidad de decisión estratégica de España–. La interacción de ambos condicionará, en buena medida, la capacidad española para preservar el statu quo de Ceuta y Melilla. Desafortunadamente, nuestro actual presidente, y por extensión su gobierno, no busca lo mejor para España; en los que son los momentos de su mayor debilidad pretende generar la peor situación posible, para a partir de ella regresar al poder.
Algunos analistas políticos aseveran que Ceuta será la tumba del sanchismo, afirmación sobre la que planteo cierto escepticismo habida cuenta de la manifiesta psicopatía del personaje que dirige los destinos de España. El mayor riesgo que no debemos perder de vista es el que supondría la contradicción de esta hipótesis: Ceuta puede ser el principio del fin de nuestro modelo de convivencia.
[1] De Miguel, Jesús (2026). La crisis de Ceuta y su relación con la presión estratégica, la vulnerabilidad y la disuasión. Aula Isen de Estudios Estratégicos https://isen.es/publicacion/la-crisis-de-ceuta-y-su-relacion-con-la-presion-estrategica-la-vulnerabilidad-y-la-disuasion/
[2] De Miguel, Jesús (2026). Ceuta y Melilla. Una cuestión de Estado. Aula Isen de Estudios Estratégicos. https://isen.es/publicacion/ceuta-y-melilla-una-cuestion-de-estado/
[3] El Protectorado español en Marruecos se establece jurídicamente mediante el Tratado de Fez, de 30 de marzo de 1912, por el que el sultán Mulay Hafid acepta el establecimiento del protectorado francés sobre Marruecos. Posteriormente, por el Convenio franco-español de 27 de noviembre de 1912, Francia reconoce a España una zona de influencia en el norte de Marruecos —fundamentalmente Rif y Yebala— y otra meridional.





























